La ópera ha cambiado

Por Ana Teresa Toro | elnuevodia.com

El tenor español criado en Puerto Rico Joel Prieto se presenta en el País luego de debutar en importantes escenarios internacionales.

Hablar con Joel Prieto es casi como aceptar una invitación a ballar y dejarse llevar. Es elegante en las formas y en el trato y cuenta las cosas con una sinceridad tan honda que, ¿para qué negarlo?… tiene el poder de conmover.

Por Ana Teresa Toro | elnuevodia.com

El tenor español criado en Puerto Rico Joel Prieto se presenta en el País luego de debutar en importantes escenarios internacionales.

Hablar con Joel Prieto es casi como aceptar una invitación a ballar y dejarse llevar. Es elegante en las formas y en el trato y cuenta las cosas con una sinceridad tan honda que, ¿para qué negarlo?… tiene el poder de conmover.

De entrada parece uno de esos personajes de las pinturas de El Greco. Alto y delgado, de facciones suaves y voz serena. Sin embargo, cuando comienza a cantar, pareciera crecer unas cuantas pulgadas y transformarse en un gigante en potencia de voz pura, severa y contundente. Probablemente, esa presencia en el escenario ha sido uno de los elementos clave en el éxito del tenor de 29 años de ascendencia española y criado en Puerto Rico, quien desde su triunfo en el 2008 en la prestigiosa competencia creada por Plácido Domingo “Operalia”, ha viajado el mundo presentándose en algunas de las principales plazas mundiales de la ópera.

Berlín, Salzburgo, Londres, Santiago de Chile, Menorca, Valencia y Barcelona en España, Viena, Holanda, Suiza, París, Nueva York y por supuesto San Juan de Puerto Rico son algunos de los escenarios donde se ha presentado con éxito. “Lo único cotidiano que tengo es mi maleta”, confiesa el joven radicado en Barcelona donde “paso como tres días y luego me voy pero es parte del trabajo y es lo que amo hacer”, afirma.

En estos días se encuentra de visita en el País pues los días 24 y 26 de marzo debutará en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré en la producción “Don Giovanni” de Teatro de la Ópera y bajo la dirección de Antonio Barasorda. El evento tiene más de un significado para la historia de la ópera en Puerto Rico pues, además de este esperado debut, merece la pena destacar que fue hace cuarenta años la primera vez que una compañía de ópera puertorriqueña presentó esta ópera, pieza cumbre de Mozart. Justino Díaz debutó en dicha ocasión con el rol que lo distinguió en el mundo y Barasorda hizo lo propio interpretando a “Don Ottavio”. En esta ocasión, se disfrutarán en escena los vestuarios que Díaz utilizó.

Y como muestra de que Joel Prieto es promesa que ya comienza a cumplirse, curiosamente, el joven interpretará el rol de “Don Ottavio”, el mismo que hace unos años tras ganar Operalia, soñaba con poder encarnar y lo hará de la mano del público que lo vio dar sus primeros pasos en el proyecto “Opera al Fresco” en “I Pagliacci” y “el Barbero de Sevilla” en el Cuartel de Ballajá. Las arias “Dalla sua pace” e “Il mio tesoro” son las más esperadas.

“¡Soy tenor!”

Pero antes de todo ese éxito y de convertirse en emergente figura estelar del Festival de Salzburgo de Austria, epicéntro de Mozart en el mundo de la ópera, Joel Prieto era un niño disciplinado y entusiasta que desde los ocho años sabía lo que quería.

“En mi familia todos somos artistas. Mi padre es poeta, mi madre escritora, tengo una hermana pintora y la otra es fotógrafa. Compartimos todos ese ojo crítico hacia el arte, mis padres cultivaron eso desde muy pequeño. Hago música desde que tengo cuatro años”, cuenta el joven que tras llegar al país hace poco más de una semana lo primero que hizo fue ir a casa de su abuela Herminia en Cayey a comer arroz con gandules, pasteles y amarillos con jugo de parchas del patio.

La vocación llegó temprano. Prieto recuerda que cuando estaba en el Coro de Niños de San Juan, seleccionaron a unos 15 niños para cantar en el Centro de Bellas Artes “La Bohème” de Puccini. Allí estaba la reconocida soprano Mirella Freni y los chicos cantarían la parte de los niños en el mercado.

“Recuerdo lo mucho que me impactó sentir la potencia de su voz en los ensayos y me dije Dios mío yo creo que esto es lo que quiero hacer por el resto de mi vida y se lo dije a mis padres. También era divertido porque no había rutina, era un mundo diferente detrás del telón”, narra.

Pero aún faltaba lo más importante. Había que esperar al cambio de voz de niño a voz adulta. “Yo rezaba por favor quiero ser tenor, quiero ser tenor”, dice.

Y sucedió. A los quince años, tomó una clase con Zoraida López y le confirmó su deseo: era tenor.

“También estaba el riesgo de que la voz te cambiara y fueras malo, había muchos riesgos en ese sentido pero yo siempre he sentido que eso estaba en mí. Yo tenía la intuición de que lo podía hacer”, asegura.

“Pero había que estar listo para todo porque la gente tiene que ser realista, si eso no está en tí no está. Aunque también hay una cuestión de mucha disciplina porque el talento se puede quedar sólo en un potencial. Hay que ver con quién estudias porque puede que un profesor te destroce la voz, además es algo muy costoso”, explica el joven quien de niño cuando iba de la Escuela Central de Artes Visuales hasta el Conservatorio de Música con su violín, recibía curiosos consejos de los taxistas.

“Me decían, deja eso muchacho que la música no deja dinero. Pero es que yo no pensaba en eso, para mí el arte era lo más importante”, afirma el joven cuya cultura general queda en evidencia en su modo de hablar, de proyectar y en su conciencia del valor social de las artes.

“El arte es importantísima para el desarrollo de la sociedad, es la parte de expresión, de creatividad, de intuición, de compasión, de ponerse en el lugar de otras personas, de instrospección, de desarrollo personal, para comprendernos entre culturas… es un idioma más que nos acerca”, reflexiona el artista quien se esforzó en lograr buenas audiciones en Nueva York para así poder llegar al País a pedir ayuda.

“He sido muy privilegiado porque he tenido el apoyo de muchas instituciones aquí. Guillermo Martínez, “Amigos de cantantes jóvenes”, hay muchísima gente que me dio dinero para poder estudiar en Nueva York. Mucha gente entiende y reconoce el valor del arte”, apunta.

Los aplausos no caen del cielo

“El mundo de la ópera es mucho más difícil de lo que yo me imaginaba. Uno piensa voy a abrir la boca y los aplausos caerán pero no es así. Hay mucho trabajo técnico que hay que hacer todos los días porque te levantas y la voz no está ahí. Tienes que prepar tu cuerpo y tu mente porque también hay mucha presión psicológica y eso no lo aprendes en la escuela”, dice.

“Hay que aprender a no dejarse caer por una crítica, a tener la piel más gruesa y bueno la cuestión de viajar, de no estar en tu casa, no tener una rutina, no estar con tus amigos, con tu familia. Hay que saber estar bien estando solo, a sentirse feliz en su proia piel y que esto te apasione”, añade el joven que hoy por hoy “tomo aviones como si fueran taxis” y para quien la experiencia de intercambio cultural ha sido por demás enriquecedora.

“La gente tiene las mismas inquietudes, las mismas preguntas”, reflexiona el tenor quien observa desde la distancia el problema en la Universidad de Puerto Rico, de donde es egresado, con dolor y preocupación.

“La educación es lo principal y los estudiantes tienen derecho a tener una educación accesible. Veo como en Europa en la mayoría de los países, la educación es casi gratuita porque es la prioridad de los gobiernos y entiendo que todo el mundo tiene derecho a tener una educación a un bajo costo y de alto nivel”, opina.

Nuevos aires

Aunque disfruta la ópera con esa pasión heredada por los años de trayectoria de este arte universal, Prieto no se siente como el estereotipo del cantante de ópera. Tampoco siente que es el mismo Joel Prieto que ganó “Operalia”.

“Han vuelto a invitarme a teatros en los que me he presentado y eso es evidencia de que voy ganando un nombre. El premio fue un empuje sólido en mi carrera pero ya siento que quiero demostrar que hay fruto de todo ese esfuerzo”, señala el joven quien sueña con interpretar a Nemorino en “L’elisir d’amore” de Gaetano Donizetti y para quien el público más difícil ha sido el de Salzburgo por su amplio dominio del repertorio de Mozart. “Han sido pocos años de carrera pero han sido intensos”, asegura.

En cuanto a la identidad que va ganando como profesional, para el tenor lo más importante es que “la gente vea que los sentimientos que proyecto realmente están ahí porque todo surge de un lugar bien orgánico. Todo enmarcado en una visión más moderna porque la ópera está cambiando mucho. Ya no es la señora gordita que abre la boca, ahora somos más actores, la gente se ve como el papel y las producciones son más atrevidas”, describe el artista a quien en los próximos años le esperan escenarios como el Teatre Del Liceu en Barcelona y el Théâtre du Capitole de Toulouse; así como su debut en el Royal Opera House Covent Garden en Londres y el Bayerische Staatsoper en Múnich con su rol emblemático y el que lleva más cercano a su corazón el Ferrando de Cosi fan tutte.

“Vengo a aprender y a presentarle al País algo de lo mucho que he aprendido. Ese es el mayor honor”, finaliza entusiasmado.

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De entrada parece uno de esos personajes de las pinturas de El Greco. Alto y delgado, de facciones suaves y voz serena. Sin embargo, cuando comienza a cantar, pareciera crecer unas cuantas pulgadas y transformarse en un gigante en potencia de voz pura, severa y contundente. Probablemente, esa presencia en el escenario ha sido uno de los elementos clave en el éxito del tenor de 29 años de ascendencia española y criado en Puerto Rico, quien desde su triunfo en el 2008 en la prestigiosa competencia creada por Plácido Domingo “Operalia”, ha viajado el mundo presentándose en algunas de las principales plazas mundiales de la ópera.

Berlín, Salzburgo, Londres, Santiago de Chile, Menorca, Valencia y Barcelona en España, Viena, Holanda, Suiza, París, Nueva York y por supuesto San Juan de Puerto Rico son algunos de los escenarios donde se ha presentado con éxito. “Lo único cotidiano que tengo es mi maleta”, confiesa el joven radicado en Barcelona donde “paso como tres días y luego me voy pero es parte del trabajo y es lo que amo hacer”, afirma.

En estos días se encuentra de visita en el País pues los días 24 y 26 de marzo debutará en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré en la producción “Don Giovanni” de Teatro de la Ópera y bajo la dirección de Antonio Barasorda. El evento tiene más de un significado para la historia de la ópera en Puerto Rico pues, además de este esperado debut, merece la pena destacar que fue hace cuarenta años la primera vez que una compañía de ópera puertorriqueña presentó esta ópera, pieza cumbre de Mozart. Justino Díaz debutó en dicha ocasión con el rol que lo distinguió en el mundo y Barasorda hizo lo propio interpretando a “Don Ottavio”. En esta ocasión, se disfrutarán en escena los vestuarios que Díaz utilizó.

Y como muestra de que Joel Prieto es promesa que ya comienza a cumplirse, curiosamente, el joven interpretará el rol de “Don Ottavio”, el mismo que hace unos años tras ganar Operalia, soñaba con poder encarnar y lo hará de la mano del público que lo vio dar sus primeros pasos en el proyecto “Opera al Fresco” en “I Pagliacci” y “el Barbero de Sevilla” en el Cuartel de Ballajá. Las arias “Dalla sua pace” e “Il mio tesoro” son las más esperadas.

“¡Soy tenor!”

Pero antes de todo ese éxito y de convertirse en emergente figura estelar del Festival de Salzburgo de Austria, epicéntro de Mozart en el mundo de la ópera, Joel Prieto era un niño disciplinado y entusiasta que desde los ocho años sabía lo que quería.

“En mi familia todos somos artistas. Mi padre es poeta, mi madre escritora, tengo una hermana pintora y la otra es fotógrafa. Compartimos todos ese ojo crítico hacia el arte, mis padres cultivaron eso desde muy pequeño. Hago música desde que tengo cuatro años”, cuenta el joven que tras llegar al país hace poco más de una semana lo primero que hizo fue ir a casa de su abuela Herminia en Cayey a comer arroz con gandules, pasteles y amarillos con jugo de parchas del patio.

La vocación llegó temprano. Prieto recuerda que cuando estaba en el Coro de Niños de San Juan, seleccionaron a unos 15 niños para cantar en el Centro de Bellas Artes “La Bohème” de Puccini. Allí estaba la reconocida soprano Mirella Freni y los chicos cantarían la parte de los niños en el mercado.

“Recuerdo lo mucho que me impactó sentir la potencia de su voz en los ensayos y me dije Dios mío yo creo que esto es lo que quiero hacer por el resto de mi vida y se lo dije a mis padres. También era divertido porque no había rutina, era un mundo diferente detrás del telón”, narra.

Pero aún faltaba lo más importante. Había que esperar al cambio de voz de niño a voz adulta. “Yo rezaba por favor quiero ser tenor, quiero ser tenor”, dice.

Y sucedió. A los quince años, tomó una clase con Zoraida López y le confirmó su deseo: era tenor.

“También estaba el riesgo de que la voz te cambiara y fueras malo, había muchos riesgos en ese sentido pero yo siempre he sentido que eso estaba en mí. Yo tenía la intuición de que lo podía hacer”, asegura.

“Pero había que estar listo para todo porque la gente tiene que ser realista, si eso no está en tí no está. Aunque también hay una cuestión de mucha disciplina porque el talento se puede quedar sólo en un potencial. Hay que ver con quién estudias porque puede que un profesor te destroce la voz, además es algo muy costoso”, explica el joven quien de niño cuando iba de la Escuela Central de Artes Visuales hasta el Conservatorio de Música con su violín, recibía curiosos consejos de los taxistas.

“Me decían, deja eso muchacho que la música no deja dinero. Pero es que yo no pensaba en eso, para mí el arte era lo más importante”, afirma el joven cuya cultura general queda en evidencia en su modo de hablar, de proyectar y en su conciencia del valor social de las artes.

“El arte es importantísima para el desarrollo de la sociedad, es la parte de expresión, de creatividad, de intuición, de compasión, de ponerse en el lugar de otras personas, de instrospección, de desarrollo personal, para comprendernos entre culturas… es un idioma más que nos acerca”, reflexiona el artista quien se esforzó en lograr buenas audiciones en Nueva York para así poder llegar al País a pedir ayuda.

“He sido muy privilegiado porque he tenido el apoyo de muchas instituciones aquí. Guillermo Martínez, “Amigos de cantantes jóvenes”, hay muchísima gente que me dio dinero para poder estudiar en Nueva York. Mucha gente entiende y reconoce el valor del arte”, apunta.

Los aplausos no caen del cielo

“El mundo de la ópera es mucho más difícil de lo que yo me imaginaba. Uno piensa voy a abrir la boca y los aplausos caerán pero no es así. Hay mucho trabajo técnico que hay que hacer todos los días porque te levantas y la voz no está ahí. Tienes que prepar tu cuerpo y tu mente porque también hay mucha presión psicológica y eso no lo aprendes en la escuela”, dice.

“Hay que aprender a no dejarse caer por una crítica, a tener la piel más gruesa y bueno la cuestión de viajar, de no estar en tu casa, no tener una rutina, no estar con tus amigos, con tu familia. Hay que saber estar bien estando solo, a sentirse feliz en su proia piel y que esto te apasione”, añade el joven que hoy por hoy “tomo aviones como si fueran taxis” y para quien la experiencia de intercambio cultural ha sido por demás enriquecedora.

“La gente tiene las mismas inquietudes, las mismas preguntas”, reflexiona el tenor quien observa desde la distancia el problema en la Universidad de Puerto Rico, de donde es egresado, con dolor y preocupación.

“La educación es lo principal y los estudiantes tienen derecho a tener una educación accesible. Veo como en Europa en la mayoría de los países, la educación es casi gratuita porque es la prioridad de los gobiernos y entiendo que todo el mundo tiene derecho a tener una educación a un bajo costo y de alto nivel”, opina.

Nuevos aires

Aunque disfruta la ópera con esa pasión heredada por los años de trayectoria de este arte universal, Prieto no se siente como el estereotipo del cantante de ópera. Tampoco siente que es el mismo Joel Prieto que ganó “Operalia”.

“Han vuelto a invitarme a teatros en los que me he presentado y eso es evidencia de que voy ganando un nombre. El premio fue un empuje sólido en mi carrera pero ya siento que quiero demostrar que hay fruto de todo ese esfuerzo”, señala el joven quien sueña con interpretar a Nemorino en “L’elisir d’amore” de Gaetano Donizetti y para quien el público más difícil ha sido el de Salzburgo por su amplio dominio del repertorio de Mozart. “Han sido pocos años de carrera pero han sido intensos”, asegura.

En cuanto a la identidad que va ganando como profesional, para el tenor lo más importante es que “la gente vea que los sentimientos que proyecto realmente están ahí porque todo surge de un lugar bien orgánico. Todo enmarcado en una visión más moderna porque la ópera está cambiando mucho. Ya no es la señora gordita que abre la boca, ahora somos más actores, la gente se ve como el papel y las producciones son más atrevidas”, describe el artista a quien en los próximos años le esperan escenarios como el Teatre Del Liceu en Barcelona y el Théâtre du Capitole de Toulouse; así como su debut en el Royal Opera House Covent Garden en Londres y el Bayerische Staatsoper en Múnich con su rol emblemático y el que lleva más cercano a su corazón el Ferrando de Cosi fan tutte.

“Vengo a aprender y a presentarle al País algo de lo mucho que he aprendido. Ese es el mayor honor”, finaliza entusiasmado.

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