Mágica sintonía

Por Cristóbal Diaz Ayala | elnuevodia.com

Luce el tenor boricua Joel Prieto en recital reciente junto a la soprano sudafricana Samantha Malk

Ir a un concierto es siempre una aventura. Así, de pronto, nos enteramos que a nuestro joven tenor, Joel Prieto, por enfermedad de la cantante programada, le acompañaría una soprano sudafricana, Samantha Malk. De Prieto estábamos seguro del dulce timbre de su voz, de su delicado fraseo, pero lo habíamos notado un poco sobrio en sus expresiones y gestualidad en su actuación en el papel de Octavio en la ópera Don Giovanni que cantó recientemente en Bellas Artes. Normalmente en el concierto, el cantante permanece casi estático en escena.

Por Cristóbal Diaz Ayala | elnuevodia.com

Luce el tenor boricua Joel Prieto en recital reciente junto a la soprano sudafricana Samantha Malk

Ir a un concierto es siempre una aventura. Así, de pronto, nos enteramos que a nuestro joven tenor, Joel Prieto, por enfermedad de la cantante programada, le acompañaría una soprano sudafricana, Samantha Malk. De Prieto estábamos seguro del dulce timbre de su voz, de su delicado fraseo, pero lo habíamos notado un poco sobrio en sus expresiones y gestualidad en su actuación en el papel de Octavio en la ópera Don Giovanni que cantó recientemente en Bellas Artes. Normalmente en el concierto, el cantante permanece casi estático en escena.

Sin embargo, luego tuvo una noche mágica en un recital coordinado por Pro Arte Musical, también en la Isla. El concierto extraordinario, que tenía un bien escogido repertorio que cubría desde compositores clásicos y románticos del siglo XIX, hasta contemporáneos, y una gama de escenarios y sentimientos, cantados con correcta pronunciación en alemán, francés, italiano y español: un verdadero tour de force.

Para sorpresa nuestra, Prieto desde su salida al escenario, se adueñó de éste. Acompañó cada una de sus interpretaciones, con las expresiones faciales y gestuales adecuadas a cada situación. De sus ojos y manos tanto como de su voz, salían imágenes que nos hacían ver el atardecer, la primavera, el amor, el odio. A diferencia del estilo habitual de hacer el recital inmóvil, Prieto se movía en el escenario, buscando el gesto adecuado a la trama de cada canción. Y la voz exquisita, potente o acariciadora, según pedía cada pieza interpretada.

Samantha Malk, como Joel, atemperó toda su personalidad y cálida voz a cantar y actuar cada canción. Se dirigió al público en español conquistándolo con su gracia y juventud. Dos cantantes pueden ser excelentes, pero no necesariamente sonar bien cuando cantan juntos; ése no fue el caso de Samantha y Joel. Desde el primer dúo que cantaron, un bello lied de Schumann, tanto congeniaron, que terminó en un beso de película… Lo mismo sucedió cuando compartieron el famoso Brindisi de La Traviata. Es imposible un buen recital con piano, sin un buen ejecutante. Y Pedro Juan Jiménez, es extraordinario. Se acopló divinamente con los cantantes, guiándolos en el tiempo correcto al variado y complejo repertorio.

Y por supuesto, no hay buen concierto sin que se produzca una compenetración total con el público. Culminó esta hermosa actividad cuando a solicitud del público que seguía aplaudiendo, Joel anunció que el próximo número iría dedicado a Eva Lucío, directora del Coro de Niños de San Juan, donde él había cantado de niño. Se trataba del Ave María de Schubert y le acompañaron varios niños de dicho coro. Después siguieron encores de Samantah, con Memory, de la comedia musical Cats, y Joel, con Morgen, de Richard Strauss

Un concierto es una actividad muy compleja, y parte de ella es el público: su “performance” durante el evento. Un intermedio en que el público que sale al pasillo permanece callado, es mal síntoma; en éste, todo el mundo quería hablar, describir sus sensaciones ante el “momento mágico” que estaban viviendo.

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Sin embargo, luego tuvo una noche mágica en un recital coordinado por Pro Arte Musical, también en la Isla. El concierto extraordinario, que tenía un bien escogido repertorio que cubría desde compositores clásicos y románticos del siglo XIX, hasta contemporáneos, y una gama de escenarios y sentimientos, cantados con correcta pronunciación en alemán, francés, italiano y español: un verdadero tour de force.

Para sorpresa nuestra, Prieto desde su salida al escenario, se adueñó de éste. Acompañó cada una de sus interpretaciones, con las expresiones faciales y gestuales adecuadas a cada situación. De sus ojos y manos tanto como de su voz, salían imágenes que nos hacían ver el atardecer, la primavera, el amor, el odio. A diferencia del estilo habitual de hacer el recital inmóvil, Prieto se movía en el escenario, buscando el gesto adecuado a la trama de cada canción. Y la voz exquisita, potente o acariciadora, según pedía cada pieza interpretada.

Samantha Malk, como Joel, atemperó toda su personalidad y cálida voz a cantar y actuar cada canción. Se dirigió al público en español conquistándolo con su gracia y juventud. Dos cantantes pueden ser excelentes, pero no necesariamente sonar bien cuando cantan juntos; ése no fue el caso de Samantha y Joel. Desde el primer dúo que cantaron, un bello lied de Schumann, tanto congeniaron, que terminó en un beso de película… Lo mismo sucedió cuando compartieron el famoso Brindisi de La Traviata. Es imposible un buen recital con piano, sin un buen ejecutante. Y Pedro Juan Jiménez, es extraordinario. Se acopló divinamente con los cantantes, guiándolos en el tiempo correcto al variado y complejo repertorio.

Y por supuesto, no hay buen concierto sin que se produzca una compenetración total con el público. Culminó esta hermosa actividad cuando a solicitud del público que seguía aplaudiendo, Joel anunció que el próximo número iría dedicado a Eva Lucío, directora del Coro de Niños de San Juan, donde él había cantado de niño. Se trataba del Ave María de Schubert y le acompañaron varios niños de dicho coro. Después siguieron encores de Samantah, con Memory, de la comedia musical Cats, y Joel, con Morgen, de Richard Strauss

Un concierto es una actividad muy compleja, y parte de ella es el público: su “performance” durante el evento. Un intermedio en que el público que sale al pasillo permanece callado, es mal síntoma; en éste, todo el mundo quería hablar, describir sus sensaciones ante el “momento mágico” que estaban viviendo.

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